Erasmus Praga – Alejandra, VDJ
ERASMUS+ EN PRAGA
3 años siguiendo la meta de terminar mi FP fuera de la frontera. Aprender mi vocación viajando. Nuevas vistas, nuevo idioma, nuevas personas, nuevas culturas, nuevas experiencias. Parecía tan lejano… Y ya está.
Lo conseguí.
La beca Erasmus… Alguna vez pensaste en ella, ¿verdad? Hay quienes sueñan con ella, con alcanzarla, coger el petate y largarse, y yo era una de ellas. Un nuevo país, gente de todas partes, fiesta, cultura, gastronomía, libertad… Todo un despertar para tus sentidos. Pero, ¿está hecha para ti? Por lo pronto, el título de este artículo puede sonar algo duro, pero creedme que no estoy tan equivocada.

Cuando vas de Erasmus, aprendes muchas cosas. Aprendes a ahorrar, a aguantar, a estar solo… Entiendes lo mucho que necesitas a tu familia, amigos, y echas muchísimo de menos cosas que a lo mejor en la rutina incluso odiabas. El cocido de tu madre está más bueno ahora que no puedes comerlo, y las verduras no están tan malas cuando no te queda mucha cosa en el frigo. Y qué vergüenza cuando le preguntaste a un dependiente algo y no supo contestarte porque no te entendía. A veces puede que creas que te has equivocado, que no tendrías que haber venido. «¿Qué necesidad tengo de vivir esto, con lo fácil que habría sido quedarme en España?».
Pero… también aprendes a hacer amigos. Aprendes cosas de los lugares que visitas y la gente que conoces como culturas, comidas, e historia. Aprendes a cocinar, y a reírte de ti mismo cuando algo sale mal. Pierdes la vergüenza y ganas en educación. Aprendes a sonreír a pesar de todo, y a mirar el lado de las cosas. Aprendes a decir: no, esto no me va a amargar el día. Aprendes a que perderse no es el fin del mundo, y que incluso has encontrado una tienda local muy chula gracias a eso. Aprendes a valorar lo que tienes en España, y entiendes mejor tu propia cultura. Aprendes de ti, y entiendes cosas de ti mismo que antes no veías. Te haces más fuerte, más maduro. Dejas atrás una parte de ti que (si quieres) podemos llamarla la «mimada». Dejas de estar bajo la mirada de tus padres para estar bajo tu propio criterio, tus propias normas, tus propias decisiones. Y aprendes tanto que… «cuando te vas, eres estudiante. Pero cuando vuelves, eres persona.» 😉
Así que… no te cortes, no te desanimes, no desistas. Estudia, aprueba, aprende, y viaja. Fija tus metas y ve a por ellas. La experiencia Erasmus es una de las mejores maneras que he conocido de aprender a vivir.